Lo que sabemos hasta ahora del Apagón del 28 de abril de 2025
El informe oficial descarta un fallo único y un ciberataque: faltó capacidad para contener una sobretensión en cascada.
El apagón peninsular comenzó a las 12:33:30 del 28 de abril de 2025. El informe del comité gubernamental no identifica un fallo único: describe una combinación de oscilaciones, cambios de flujos, pérdidas de generación y capacidad insuficiente para absorber energía reactiva y contener una subida acelerada de la tensión [1].
Los documentos facilitados permiten analizar con detalle la mecánica eléctrica y el efecto sobre los pagos. No contienen, sin embargo, un balance nacional de fallecimientos, heridos, viajeros afectados, pérdidas empresariales o coste total, por lo que esas consecuencias personales y económicas no pueden cuantificarse aquí.
Una reacción en cadena de sobretensión
Antes del colapso se registraron oscilaciones de 0,6 y 0,2 Hz. La segunda era un modo Este-Centro-Oeste en el que la península ibérica oscilaba frente al centro del sistema síncrono europeo. El informe compara la mayor exposición de España y Turquía, situadas en la periferia y débilmente interconectadas, con un efecto látigo que amplifica las oscilaciones en los extremos [1].
Las medidas adoptadas para amortiguarlas modificaron los flujos eléctricos. Entre las 12:32:00 y las 12:32:57, el intercambio con Francia descendió en 1.030 MW. El informe atribuye 480 MW de esa variación a una reducción observable de generación renovable, causada tanto por regulación secundaria a bajar como por disparos aislados. El resto se relaciona con variaciones de demanda y con posibles pérdidas de generación no observables desde la red de transporte [1].
La reducción de generación tenía además un efecto sobre la tensión. Algunas instalaciones renovables absorbían energía reactiva en proporción a su producción: al reducirla, disminuía también esa absorción y la tensión tendía a subir. Simultáneamente, la descarga de las líneas aumentaba su efecto capacitivo, que también favorecía el alza de tensión.
Comenzaron entonces las desconexiones de generación. El informe encuentra datos compatibles con disparos ocurridos cuando la tensión todavía se encontraba dentro de los límites que las instalaciones debían soportar, aunque también advierte de discrepancias entre las mediciones de Red Eléctrica y las de algunas infraestructuras de evacuación. En una fase posterior se registraron 443,8 kV, ya por encima de la tensión exigible a instalaciones conectadas a la red de 400 kV [1].
Cada pérdida de generación podía elevar todavía más la tensión y provocar nuevas desconexiones. El comité describe así una condición sistémica que se propagaba y concluye que el sistema no tenía en ese momento suficiente capacidad de control de tensión para absorber energía reactiva con la rapidez necesaria y frenar la cascada.
Por qué no fue simplemente falta de generación
El informe diferencia entre potencia activa, que mantiene el equilibrio entre generación y consumo, y energía reactiva, esencial para controlar la tensión. En el momento del incidente había reserva y cerca de 3.000 MW de consumo de bombeo susceptible de desconectarse ante una caída de frecuencia. El problema principal identificado no fue la ausencia de potencia activa, de inercia o de reserva primaria, sino la sobretensión [1].
Una configuración distinta del enlace de corriente continua con Francia podría haber aportado hasta 3.000 MW adicionales de potencia activa, según el escenario analizado. Aun así, el comité considera que no es evidente que eso hubiera evitado el colapso: la ola de sobretensión habría podido seguir desconectando generación independientemente de la frecuencia.
Tampoco se hallaron pruebas de un ciberataque. Tras analizar sistemas, documentación y entrevistas, el grupo especializado no detectó incidentes, indicios, patrones, técnicas conocidas ni actores que relacionasen la crisis eléctrica con un suceso de ciberseguridad [1].
Pagos, comercios y efectivo
El Banco de España describe un impacto inmediato sobre la actividad económica. La falta de electricidad impidió utilizar ordenadores, equipos de facturación, básculas y otros instrumentos. También afectó a sectores como el transporte ferroviario, los talleres, las estaciones de servicio y la restauración [2].
Los pagos con tarjeta cayeron un 55% respecto a la referencia utilizada en el estudio. Los grandes comercios resistieron mejor porque era más frecuente que dispusieran de generadores y de mecanismos de pago sin conexión. La mayoría de los pequeños comercios carecía de esos sistemas y tuvo que interrumpir su actividad [2].
Bizum sufrió una caída del 75%, principalmente porque depende de los teléfonos y de la conectividad de los clientes. Las aplicaciones bancarias y las infraestructuras podían seguir operativas, pero numerosos usuarios no podían conectarse para iniciar las transferencias.
El efectivo tampoco estuvo plenamente disponible. Menos del 4% de los cajeros disponía de una fuente de alimentación alternativa y, aun en esos casos, era necesario conservar la conexión con los sistemas bancarios. Las retiradas cayeron un 34% el día del apagón y se recuperaron con fuerza durante las dos jornadas siguientes [2].
La infraestructura financiera sí resistió
El apagón redujo drásticamente las operaciones iniciadas por hogares y comercios, pero no paralizó el núcleo de los sistemas financieros. El Sistema Nacional de Compensación Electrónica funcionó sin interrupciones, aunque registró retrasos puntuales relacionados con los usuarios y las comunicaciones. Los servicios TARGET operaron normalmente porque su plataforma tecnológica está situada en Italia y Alemania y se activaron los mecanismos de contingencia [2].
Esta diferencia revela que la continuidad de los pagos no depende únicamente de bancos y procesadores. También requiere suministro en los comercios, terminales operativos, cobertura móvil, acceso a internet y dispositivos con batería. El Banco de España plantea por ello estudiar una extensión de los pagos con tarjeta sin conexión y una estrategia de resiliencia que integre al sector financiero con los proveedores de energía y telecomunicaciones.
Lo que se puede objetar
Puede sostenerse que el apagón se explica únicamente por la elevada presencia de generación renovable. El informe no llega a esa conclusión: identifica una combinación de oscilaciones, regulación, configuración de la red, comportamiento de instalaciones, transformadores e insuficiente control de tensión. Sí señala que el crecimiento de la generación distribuida y los cambios rápidos de producción exigen nuevas capacidades de regulación, pero no convierte una sola tecnología en causa única [1].
También puede afirmarse que la caída de los pagos equivale a una pérdida económica definitiva. No es así. Parte de las operaciones se aplazó: durante los dos días posteriores aumentaron las compras con tarjeta, las retiradas y los Bizum. Los documentos no calculan cuánto consumo se perdió definitivamente ni ofrecen una factura total del apagón [2].
Límites de estos datos
- Los dos documentos convertidos llegaron recortados y con fragmentos omitidos. El informe gubernamental contiene además nombres y cifras ocultos en su versión no confidencial; no se han reconstruido esos datos.
- Los textos facilitados no contienen un balance nacional de fallecidos, heridos, evacuados, pasajeros afectados o personas vulnerables. No se ofrece una cifra de consecuencias personales para evitar completar información de memoria.
- Los textos tampoco contienen una estimación del coste económico total, del impacto sobre el PIB, de las pérdidas empresariales o de las indemnizaciones. Las variaciones de pagos no deben interpretarse como pérdidas económicas equivalentes.
- La caída del 55% en tarjetas, del 34% en retiradas y del 75% en Bizum se recuperó parcialmente durante los dos días siguientes. El documento indica que la recuperación compensó la caída en Bizum y, sobre todo, en efectivo, pero no completamente en tarjetas.
- La cifra inferior al 4% de cajeros con alimentación alternativa es una estimación basada en información de asociaciones de proveedores de servicios de pago; por eso se clasifica con confianza C.
- La tensión de 443,8 kV pertenece a una instalación cuyo nombre no es visible en el texto convertido. El fragmento demuestra una sobretensión durante la cascada, pero no permite identificar públicamente la planta.
- No se construye una serie temporal porque el encargo se refiere a un único episodio y los documentos solo aportan variaciones puntuales o comparaciones incompletas, no una serie homogénea completa.
- El apagón afectó a la España peninsular, además de Portugal y, en menor medida, Andorra y zonas del sur de Francia; no fue un cero eléctrico de los sistemas insulares españoles.